o el relato de lo irrelevante

domingo, 27 de noviembre de 2016

Misión imposible: salir a montaña


Los últimos seis meses se puede decir que estoy en absoluto barbecho montañero. Primero por las oposiciones (y van dos años consecutivos), después por el agotamiento mental y físico postoposicional. A comienzo de curso porque ha sido un absoluto caos, por no decir una auténtica mierda, y ya para rematar, por enfermedad, no grave pero chunga especialmente para alguien que nunca se pone enferma.

En realidad, a parte de todos estos contratiempos, el principal problema es el de siempre: no tengo compi de aventuras montaraces. Compi o compis.
Cuando ninguno de tus amigos de toda la vida es montañero y cuando tus amigos de montaña son más intermitentes que los ojos del Guadiana, o sus intereses no coinciden exactamente con los tuyos, o ni siquiera están físicamente en el mismo sitio que tú, o bien su nivel es demasiado para tu cuerpo, salir a montaña es jodidamente difícil. Cuando no ocurren otras mierdas asociadas al devenir de las relaciones humanas que te tocan las narices y te desmotivan para hacer nada.
El resultado es desesperación y un mono más grande que King Kong encima de la chepa. Luego ves a la gente de aquí para allá haciendo cosas: "que si subo no sé que cara, que si me voy a Marruecos a escalar..." y la envidia más cochina te corroe.
Es muy frustrante querer hacer algo que te da la vida, que es fundamental para ti, y no poder hacerlo. Al final siempre solvento este tipo de cosas pero ahora mismo estoy bloqueada. Sólo sé que necesito monte. Y si no fuera tan exquisita (que me miro mucho con quien me voy y a hacer qué), tuviera más nivel físico y técnico (que soy un cero a la izquierda en todas las disciplinas de montaña), y no fuera tan tímida y tuviera más morro (y mira que tengo morro para otras cosas) sería muy fácil salir siempre. Pero no me apetece hacer eso, ir a salto de mata, y estoy cansada de buscar gente. Joder, que difícil es salir a montaña.

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