o el relato de lo irrelevante

martes, 21 de mayo de 2013

La boca


Boca que arrastra mi boca
boca que me has arrastrado
boca que vienes de lejos 
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca 
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos
que no dejarán desiertos 
ni las calles ni los campos.
 ¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!

Beso en tu boca por ellos  
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino 
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios
y el infinito parece 
que sobre mí se ha volcado.  

He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado: 
vida, muerte, amor.
Ahí quedan 
escritos sobre tus labios.

Miguel Hernández 
  
   

miércoles, 15 de mayo de 2013

La montaña sagrada


Hablan los psiquiatras de los efectos beneficiosos del paisaje sobre la psique humana y, en especial, del paisaje montañoso.
La montaña siempre ha sido un foco de atracción para el ser humano quizás sólo comparable con el magnetismo que ejerce el mar sobre algunas personas. Ciertamente, no es este mi caso pese a haber nacido a su lado. La mar relaja pero ofrece pocas posibilidades de interacción y llega a ser un tanto monótona, sobre todo en el Mediterráneo, carente de mareas aunque poseedor en ocasiones de arranques de carácter.