o el relato de lo irrelevante

lunes, 30 de septiembre de 2013

El lejanísimo Oriente


A más de uno le fascina Asia. Tailandia, Bali son lugares que atraen a mucha gente por su exotismo. China también tiene sus adeptos amén del interés que genera de unos años a esta parte por cuestiones económicas más que culturales. Del lejano Oriente a mi siempre me han interesado dos paises que, aunque culturalmente no están muy relacionados, si lo están lingüísticamente. Son Japón y Mongolia. 

Ambos pertenecen a la familia de lenguas altáicas (de la cordillera del Altai, en Mongolia), junto con el turco. Sí, los turcos también vienen de esta parte del mundo aunque sean caucasianos. La Historia y el mundo dan muchas vueltas, por suerte.
El interés por la cultura japonesa creo que comenzó en mi con el descubrimiento de las películas de Akira Kurosawa. Es un director que me encanta aunque puedo entender que resulte un cine un tanto particular. Sus pelis no duran menos de tres horas, están llenas de silencios, de gestos exagerados sacados del teatro japonés y de música tradicional que a los oídos de los occidentales suena igual que si están desmontando los andamios de una obra. Pero como Kurosawa se licenció en Bellas Artes son muy plásticas, muy oníricas, utiliza el color, la composición de tal manera que algunas secuencias parecen cuadros. 
Ran es un ejemplo de esto. El argumento es un cuento europeo (creo que inglés) pero que encaja perfectamente en el contexto del shogunato donde se ambienta. Otra que me gusta mucho es Los siete samurais, que fue versioneada por Hollywood como Los siete magníficos.
Japón y España no parecen guardar mucha relación en cuanto a historia o idiosincrasia pero, como siempre en la vida, las apariencias engañan. En el s. XVII una expedición de japoneses católicos vino a pedir ayuda al rey español contra las persecuciones que sufrían y algunos de ellos se quedaron en el pueblo sevillano de Coria del Rio. Sus descendientes se apellidan Japón y, os lo juro, tienen aún rasgos mongoloides. Os lo explican mejor en el blog Dai Nihonshi.
De Mongolia me llama la atención el paisaje, inmenso, donde parece que el cielo va a aplastar bajo su peso todo lo que hay debajo. También la forma de vida y la cultura. Quizás lo más conocido del país sea el Festival del Naadam, o festivales porque se celebran por todo el territorio en verano. Es curioso que una de las pruebas sea la lucha por que en España también tenemos lo mismo en Canarias y León. Otro punto en común inesperado.
Algo también muy llamativo es el canto gutural. Aunque en otras partes de Asia como Japón, Tibet o Nepal se practica no es igual. La particularidad de la versión mongola es que el cantante es capaz de cantar en un tono extremadamente bajo mientras emite un sonido parecido a una flauta en un tono altísimo. Señalar que las cantantes practican otro tipo de canto (canto largo) en el que alargan y encadenan la letra de la canción sin que las veas mover la boca para respirar. No sé cómo lo hacen pero es alucinante.
A lo mejor por esa forma de cantar, la grave, es por lo que a los mongoles les gusta tanto el metal. Hay un montón de grupos de rock que se dedican a ese estilo, en diversas formas. A mi el que más me gusta es Altan Urag. Todos sus miembros han estudiado en el Conservatorio de Música y Danza de Mongolia y han formado parte de la Orquesta Nacional u otras del mismo nivel. En el conservatorio se estudia tanto música tradicional como música clásica occidental. Vamos, que tienen una formación académica clásica pero han conseguido unir las tradiciones con el rock. Son muy cañeros y eso que sólo usan instrumentos tradicionales. Lo más moderno que utilizan es una bateria de un sólo bombo. Nada de guitarras. Pero suenan de lo más jevi.
Además son un grupo comprometido que denuncia injusticias sociales como la situación de los niños de la calle en Ulan Bator o la venta de los recursos del país a compañías extranjeras por parte del gobierno. A este respecto se ha organizado un movimiento social que se opone a que los grandes recursos mineros y energéticos nacionales sean expoliados por empresas foráneas y a las consecuencias ecológicas que esa explotación lleva aparejada. Mongolia es un país casi virgen pues tiene una extensión seis veces más grande que España y sólo tiene tres millones de habitantes.
En resumen, a veces no sabe uno exactamente porque tal o cual lugar le resulta atrayente pero pasa. Es poco frecuente encontrar a alguien que tenga interés por un sitio tan sumamente desconocido y alejado de nuestra realidad pero soy de la opinión que la curiosidad no tiene límites. Yo por lo menos no los tengo. La putada es que, a menos que me toque la lotería, dificilmente conoceré ninguno de estos sitios. Pero si me toca enfilo para la región de los ojos más rasgados.

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