o el relato de lo irrelevante
lunes, 29 de julio de 2013
El viejo Londres
Estoy releyendo Orlando, de Virginia Woolf, y de repente he recordado Londres. La historia de Orlando, joven noble de época isabelina, se extiende a través de la época de esplendor del imperio británico en la Edad Moderna y más allá, pues el protagonista no sólo pasa de ser un hombre a ser una mujer, sino que vive durante varias centurias. Por cierto que hay una buena adaptación cinematográfica con el mismo título. Como digo, la enumeración de los lugares de Londres me ha traido a la memoria su recuerdo. Hace unos cuantos años me dediqué a recorrer con intensidad y espíritu exploratorio su centro histórico.
Londres, un poco como Inglaterra en general, provoca sentimientos contradictorios. Puedes amarla u odiarla. Lo mismo ocurre con los ingleses. No suelen caernos bien, al menos a los que los sufrimos cada verano o que compartimos vecindad con ellos durante años, en los que no aprenden ni a decir "hola" en castellano. Pero que gente más maja te puedes encontrar también. Me encantaba cuando los abuelitos para dirigirse a ti te llamaban "love", así a la moda antigua.
Los ingleses tienen cosas buenas, como una mente muy abierta con respecto al trabajo que te permite ir a currar a una agencia de viajes de la City lleno de anillos de calaveras y con pantalones de camuflaje de segunda mano (olé, hermano), y otras malas como ser unos consumistas, lo que lleva a suicidios por deudas hasta entre las abuelas, o tener una mentalidad de mierda con respecto al sexo.
Volviendo al tema de la capital inglesa y británica, es un sitio sumamente interesante. Como toda ciudad grande y antigua (fue fundada por los romanos) sufre un proceso constante de destrucción-construcción que hace que cambie su fisonomia sin cesar. Como es lógico el centro padece la presión inmobiliaria de forma más intensa y en este caso coincide con el Londres medieval. Esto da pie a calles muy estrechas donde se alzan los altos y modernos edificios de la City, que es el núcleo financiero y de negocios de Europa (por mucho que quiera Alemania). Cuando a uno le interesa la historia como a mi, y más la medieval, puede encontrar su rastro en cada rincón y dotarlos de significado. Se puede encontrar una iglesia de los Templarios justo enfrente de los Reales Tribunales, en el Strand. Cuando se disolvió la orden, el templo y los edificios asociados empezaron a ser usados por los letrados y hasta hoy. Es un sitio de galerias y jardines, recoleto y tranquilo pese a estar en pleno centro, que no se ve desde la calle porque hay que pasar a través de un pasadizo entre las casas. O el pub San Jorge, en Lambeth, construcción del s. XVII que pertenece al Patrimonio Nacional y que lleva siendo una fonda desde esa época, en la que Lambeth era una ciénaga a las afueras de la ciudad donde se reunían las gentes de mal vivir: putas, ladrones, asesinos, actores y escritores. No en vano el teatro del Globe estaba cerca. Aquí se puede probar la comida tradicional inglesa que, en contra de la creencia general, no es mala, sólo poco diversa como en cualquier país del norte.
Saliéndonos un poco del centro es interesante el sistema de canales que circunda la ciudad por el norte, haciendo un arco desde los puertos en el Támesis hasta el oeste, y que permitía el flujo de materias primas y productos desde estos a las fábricas y viceversa cuando el británico era el imperio que más chanaba. Es muy conocido el tramo de Camden pero en Bow, barrio cockney por excelencia, se puede ver el sistema de esclusas y dar un paseo por su orilla. En Hackney, barrio próximo algo chungo, se puede ver un pabellón de caza de los Tudor mientras que en Bethnal Green (para mi el mejor barrio de Londres) aún se podía ver no hace mucho en el mercadillo vendedores con sus carros de madera con refranes y sentencias grabados en las ruedas, como el de la foto. Estos carros son una reliquia de época victoriana. Podría seguir así con mil sitios: Brick Lane y el Gran Incendio, las galerias comerciales de Bishops Gate y la historia de la oca, la tradición pornográfica del Soho desde el s. XIX, el museo del mueble en el antiguo barrio carpintero de Shoreditch, el museo de Londres (visita inexcusable), el 1º restaurante chino de la ciudad, etc.
Los turistas se van a ver la mierda del London Eye a que les saquen un dineral por montar en una noria, o al Madame Tussaud a lo mismo, a Buckingham Palace que es más feo que picio, o a Picadilly o a Oxford Street a comprar las mismas chorradas para guiris que les vendemos a ellos en Benidorm. Y se van sin ver estos y otros lugares que explican el por qué de esta ciudad y de sus gentes.
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