o el relato de lo irrelevante

lunes, 12 de noviembre de 2012

Europa

A partir de los años 50 se fraguó en la Escuela de Economía de Chicago, con Milton Friedman a la cabeza una teoría que defendía, grosso modo, que la economía no necesita regularse ya que lo hace por sí misma y vaticinaba un progreso indefinido al autoresolver sus baches. Este pensamiento logró infiltrarse en las altas esferas del poder en EEUU y el intervencionismo yanki fue aprovechado para expandir este paradigma ideal en un proyecto a largo plazo bien orquestado. Así miembros de la élite chilena y argentina fueron becados para estudiar en la susodicha escuela. Una vez vueltos a sus países de origen se ocuparon de poner en práctica lo aprendido. 

Pero, claro, la política tenía que acompañar y Pinochet y Videla fueron aupados al poder. Después de unos años y unas cuantas privatizaciones después ambos países quedaron en la ruina, demostrando que esta teoría estaba totalmente equivocada ya que, creando el ambiente ideal donde aplicarla, resultó un absoluto fracaso. Eso sí, los ricos fueron más ricos y a Friedman le dieron el Nobel de Economía. 
Sesenta años después a las mentes preclaras que manejan el dinero y, por tanto, el poder mundial no se les ha ocurrido nada mejor que volver a aplicarla como summum del capitalismo. Siempre pensando en sus bolsillos, no en las personas. El FMI y el Banco mundial son dos de los seguidores de esta corriente teórica (por llamarla de alguna manera). 
¿Cómo puede ser que empresas privadas tales como Standar&Poor's y otra calaña de este tipo decidan lo que los gobiernos deben hacer? En realidad no debiera sorprendernos ya que hace mucho que sabemos que todos los gobiernos son marionetas en manos de los poderes fácticos. Sí ya sé que parece una frase hecha pero es una verdad como un templo. Ahora ya no pueden apoyar un golpe de estado en Europa y se dedican a bombardearnos con sus calificaciones de deuda y demás patrañas. Mientras los gobiernos de nuestras supuestas democracias les siguen el juego a ellos, al FMI y demás delincuentes, debidamente apoyados por la mayoría de los medios de incomunicación, haciéndonos tragar todos esos datos idiotas con los que nos quieren asustar mientras nos roban nuestros derechos.
Entre tanto, las personas están sufriendo lo indecible. En Grecia ya hay un 27% de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza, en Portugal hay 3 millones viviendo con poco más de 300€ en un país con 10 millones de habitantes y, en España, no hace falta que diga lo que está pasando, con un índice de pobreza 21'8%. Y mucha de esa pobreza es infantil. El gran logro europeo que fue el estado del bienestar, la concepción de que la persona es lo que importa, que el estado está al servicio del ciudadano y no al revés, produzca aquel o no, está siendo objeto del ataque furibundo de estos buitres. Independientemente de que estemos de acuerdo con que exista un estado o no o de que tipo de organización deseamos, hay que reconocer que fue un gran avance. Y en los países del sur de Europa hemos llegado a este estado del bienestar cuarenta años después que el resto del continente y por eso ni siquiera hemos alcanzado el nivel del resto. Recordar a los españoles que la Seguridad Social tal como la conocemos hoy se implantó en los 80. Me parece que muchos no se dan cuenta de todo lo que nos estamos jugando. Y me gustaría que lo recordaran cuando hay elecciones porque ir a votar lo que dice la tele sólo perpetua el círculo vicioso de esta democracia que tiene poco de gobierno del pueblo. El pueblo sólo es reclamado cada cuatro años y cada cuatro años sale del corral para apacentar en las urnas. El pueblo no tiene memoria histórica ni memoria política para darse cuenta de que el poder del pueblo no es eso, que se ejercita en la calle y en la puesta en práctica del sentido crítico. Así que espero que la convocatoria conjunta de huelga con Grecia y Portugal del próximo miércoles despierte las mentes aletargadas. Y no porque confie en los sindicatos, mejor dicho en los sindicatos españoles que son los que conozco. Estos nunca han defendido a los trabajadores porque ¿cómo van a defenderlos si cobran subvenciones del estado? Pero confío en la gente que defiende lo que es suyo. Así que como dicen en Portugal: que se lixe a troika!

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