o el relato de lo irrelevante

miércoles, 31 de octubre de 2012

Escalada sostenible


 Aún a riesgo de ser cansina voy a retomar el tema del impacto que los escaladores ejercemos sobre la naturaleza en las escuelas. Muchas veces se nos olvida que no estamos en un roco al aire libre y nos acercamos a las zonas de escalada quizás de un modo algo dominguero. Supongo que es inevitable que a fuerza de repetir salidas y fijarnos un objetivo tan concreto como es ir a trepar, cada cual con sus proyectos entre ceja y ceja, hagamos de esto una especie de rutina que nos haga ser descuidados.

Pero no es escusa para ser unos cochinos. Y no me refiero sólo a dejar un papel o las colillas a pie de vía. También, como ya hablamos, del papel higiénico (u otras cosas) que surge como champiñones por entre las matas. Y en esto tenemos mucho, mucho que ver las chicas. La verdad es que me gustaría que mis colegas de género fueran más conscientes de lo que hacen. No cuesta tanto llevar una bolsa extra para basura. Y para cuestiones de "mayor envergadura" pues un agujerito y enterrado y ya está. No sólo es esto, también a veces queremos aparcar justo debajo de las vías. 
Pero algo en que no pensamos y que también puede ejercer un impacto considerable sobre el entorno es el magnesio. Hay gente que mete la mano en la magnesiera como si fuera a hacer un bizcocho. Personalmente no me gusta mucho usarlo aunque, bueno, para el grado que yo hago tampoco es que sea imprescindible. También es verdad que hay gente que está más o menos en mi nivel y se embadurna hasta las cejas. Supongo que cada uno tiene sus manías pero tampoco mola mucho llegar a una vía y que parezca que ha nevado. Hay escaladores que apuntan que este exceso de magnesio en las vías condiciona la escalada de tal manera que la ascensión se limita a ir buscando las manchas blancas, lo que impide el resolver por uno mismo los problemas que la pared plantea. En parte es así.
Y ya la máxima expresión de la domesticación de la roca es pintar el nombre de las vías primorosamente como vemos en Llíber, por ejemplo. En mi opinión es un poco aberrante. Señores, estamos en la montaña, no en el comedor de tu casa para dar una mano de gotelé. Yo no sé si será cosa de los guiris pero vaya tela. La montaña es demasiado bonita para ir jodiéndola con estas cosas. Vamos que tampoco cuesta tanto llevarte un croquis, digo yo.  
Otro tema que en ocasiones se ve por ahí es picar un apoyo para que te salga la vía que tú quieres. En mi humilde opinión de mindundi de la escalada y con todo el respeto que me merecen los equipadores, sin los que no habrían escuelas donde ir, es la roca la que manda ¿no?. En fin, que yo no le veo el sentido.
Parece que todo esto que acabo de exponer de forma tan poco brillante ha suscitado algún debate a niveles más altos como es la Federación. En un congreso sobre deportes de montaña y su repercusión en zonas protegidas se planteaba la redacción de un manual de buenas prácticas de escalada en estos lugares, a imitación de uno establecido en el Tirol con respecto a deportes de alta montaña (podéis ampliar información en la página de la Federación). Quizás fuera útil establecer una serie de recomendaciones al respecto para cualquier espacio natural. Orientaría un poco al personal pues a veces ni siquiera hay mala fe sino que en ocasiones hasta que alguien no te dice algo no caes en la cuenta de ello. Es también muy interesante que esta reflexión sobre los límites que debemos poner a nuestra actividad parte así mismo de los escaladores, como se puede comprobar por el hecho de que es un tema tratado en muchos blogs. No sólo ya por lo que hace al cuidado del entorno sino también en cuanto a las buenas prácticas en el ejercicio de la disciplina (o sea a las reglas del juego). Me gusta ver que la peña no se preocupa exclusivamente por cuantos encadenes ha hecho o si ha subido de grado o no. 
Es importante que los propios deportistas sean capaces de crear un código deontológico de unos puntos básicos, de forma colectiva y libre. Aunque otras instancias puedan ayudar en otro sentido, como ya he dicho.
Creo que esto, la "escalada sostenible", es una cuestión a tener en cuenta para que podamos seguir disfrutando de ella y de la montaña muuuuchos, muchos años.



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