o el relato de lo irrelevante

lunes, 3 de septiembre de 2012

Blogueando encadenes y vuelos



No es este el único blog que sigo de manera más o menos asidua aunque en casi todos me mantengo en el anonimato y tampoco están consignados en mi listado. Suelo visitar algunos del ámbito del frikismo escalativo, que los hay en abundancia. De hecho, creo que el gremio de los escaladores reune la más alta densidad de blogs por metro cuadrado que he visto nunca. Los hay del más diverso pelaje: artísticos, elitistas, técnicos, humorísticos y otros con espíritu fraternal.

Todos ellos son interesantes en mayor o menor medida y permiten compartir esta afición y hacer circular gran cantidad de información muy útil. También algunos conocidos escaladores tienen los suyos. Uno de ellos es Philippe Ribiere. Hace poco el chaval escribió sobre el poco respeto que tienen algunos escalador@s por la naturaleza, especialmente cuando dejan sus "minas" con la correspondiente cantidad de papel por las escuelas. Pues lo sorprendente es que casi se lo comen al pobre. Uno le recriminaba que a qué daba lecciones si él había recorrido tanto mundo usando aviones y viajando en su furgoneta. Vamos que era un contaminador desaprensivo. Y otros más habían del mismo tenor. Y digo yo: ¿qué tendrán que ver los cojones para comer trigo? Estaba dando una opinión sobre un tema muy concreto, no una conferencia sobre el cambio climático. ¿Es que ese criticón va a todos sitios en bici? ¿Nieve o haga sol? ¿Si viaja a otro continente también? Si tuvieran, por ejemplo, que subir por esas montañas de dios a Xixona a las 5 de la mañana en invierno para trabajar a piñón sus buenas 10 horas en una fábrica veríamos si cogían un coche o no. No me extraña que Ribiere se mosquease, sobre todo por el tono maleducado de los comentarios.
Todos estamos de acuerdo con que hay que cuidar el medio ambiente pero los integristas de cualquier especie son gente llena de odio y con poco sentido común la mayoría de veces. Tienen que tomar más Duphalac o follar más. O ambas cosas.
Lo que resulta curioso, y retomando el tema blogs, es que no hay tantas chicas que nos deleiten con la crónica de sus progresiones en roca, aunque alguna hay. O las escaladoras son menos exibicionistas que sus colegas masculinos o tienen mucho menos tiempo. O todas van en tope rope (lo que no es cierto) y no consideran que esto sea muy interesante. No sé. Quizás sea porque las escaladoras solemos ser minoría en las escuelas. Aunque esto último no está tan mal a la hora de admirar el paisaje.

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